domingo, 30 de junio de 2013

Instituto Dante Alighieri – Comitato di San Francisco



Apuntes de Italiano

Da Rayuela, o come è stato tradotto in italiano Il gioco del mondo, Julio Cortázar,  pubblicato nel 1963. Cap. 7


 “Tocco la tua bocca, con un dito tocco il bordo della tua bocca, comincio a disegnarla come se uscisse dalla mia mano, come se per la prima volta la tua bocca si aprisse, e mi basta chiudere gli occhi per disfare tutto e ricominciare, faccio nascere ogni volta la bocca che desidero, la bocca che la mia mano ha scelto e ti disegna sulla faccia, una bocca scelta tra tutte, con la sovrana libertà che scelgo per disegnarla con la mia mano sulla tua faccia, e che, per un azzardo che non cerco di comprendere, coincide esattamente con la tua bocca che sorride sotto quella che la mia mano ti sta disegnando.
Mi guardi, da vicino mi guardi, sempre più da vicino e allora giochiamo a fare il ciclope, ci guardiamo tanto da vicino che i nostri occhi si allargano, si attaccano tra di loro, si sovrappongono e i ciclopi si guardano, respirano confusi, le bocche s’incontrano e lottano nel tepore, si mordono con le labbra, appoggiano appena la lingua tra i denti, giocano nei loro recinti là dove un’aria pesante va e viene col suo profumo antico e il suo silenzio. Allora le mie mani cercano di immergersi nei tuoi capelli, di accarezzare lentamente la profondità dei tuoi capelli mentre noi ci baciamo come se avessimo la bocca piena di fiori o di pesci, di movimenti vivi, di fragranze oscure. E se ci addentiamo, il dolore è dolce, e se affoghiamo in un breve e terribile assorbirsi dell’alito, quell’istantanea morte è bella. E c’è una sola saliva e un solo sapore di frutta matura, e io ti sento tremare su di me come una luna nell’acqua.”

Rayuela- Capítulo 7,  Julio Cortázar.

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

Historias de Inmigrantes




El  Accidente
Por María Angélica Donda Arpino 






Llegaron a San Francisco desde una pequeña aldea Coggia, del Friuli italiano. Ella se llamaba Lucía Tesan, él Tomás Donda, carpintero. Tenían ya tres hijos, Gina de dos años aún no caminaba. Empezaba el año 1918. Lucía quedó embarazada. Tomás siempre tenía tiempo para una partidita de naipes con sus amigos y tomar un vasito de vino. Ese día, 5 de enero se demoró más y la noche lo sorprendió  lejos de su casa. Desorientado por la oscuridad y algo mareado no se dio cuenta que caminaba por las vías del tren. El maquinista tampoco lo vio y lo embistió. Recibió el impacto en la frente y cayó desmayado. Lo llevaron  al Hospital Iturraspe y ahí quedó abandonado en la morgue. Nadie pensó que sobreviviría. Informaron del suceso a la policía. Preocupada Lucía porque Tomás no llegaba, dejó a sus hijos con una vecina y corrió a la policía. Al saber del accidente, su corazón le decía que era Tomás. Tomó un mateo y fue al Hospital. Allí tuvo que esperar largo tiempo. Cuando esa noche el doctor Areta, recién recibido, llegó a tomar su guardia en el hospital, le informaron: “Hubo un accidente con el tren” “El hombre está en la morgue”. Enseguida corrió al lugar, y personalmente lo trasladó a la sala de operaciones. “¡Estás loco de remate!” “¡Ese está más muerto que vivo! No les  hizo caso y se puso a trabajar con abnegación hasta el amanecer. Le avisaron que una mujer lo esperaba. Así se conocieron. Ella tranquila y esperanzada, él contento de ser doctor. -“¡Qué regalo de Epifanía ¿no?” -“¿Qué es eso?” pregunto ella, -”El día de Reyes” agregó él. Finalmente el doctor dijo -“Hice todo lo que pude” a lo que Camila respondió: -“Seguramente Dios guió sus manos. Tres chicos me esperan, no puedo quedarme” -“Vaya tranquila, nosotros cuidaremos a Tomás”. Pasaron muchos días de sacrificios, paciencia, incertidumbre y dolor. Nació una hermosa amistad. El joven doctor siempre alentaba a esa mamá fuerte y valiente que acompañaba a su marido, enfrentando mil problemas, sobre todo económicos. En esos tiempos cuando no se trabajaba no se cobraba. El doctor lo cuidó siempre y Tomás, hombre fuerte reaccionó muy bien. Más cuando el 21 de enero nació un hermoso y coloradote varón. Cuando Tomás volvió a la casa, el doctor Areta lo visitó todos los días hasta que sanó. Como recuerdo le quedó un pozo en la frente del tamaño de una pelota chica. Siguió cuidando de la familia con esa nobleza y energía que lo caracterizaba hasta que se trasladó a Rosario. Muchos años después, en 1967 la vida volvió a reunirlos con el doctor. ¡Viajaron a San Francisco para el casamiento de su nieto Héctor. Se dieron un gran abrazo y charlaron a lo grande!

Nueva Comisión Directiva




Asociación Civil Familia Piemontesa de San Francisco
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Periodo 2013 - 2015


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